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Para romper el hielo, "Déjate llevar"

 
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mariano.alda
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Registrado: 05 Oct 2007
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MensajePublicado: Lun Nov 05, 2007 12:16 am    Título del mensaje: Para romper el hielo, "Déjate llevar" Responder citando

En realidad esto no es un relato, sino una "venganza", como podréis ver en la dedicatoria que está en cursiva. Este cuentecito que escribí hace un par de años, ni siquiera tiene trama. Quizás se le podría calificar de "mini relato venido a más" (pero no mucho más). Por cierto, que me sirvió de "ejercicio de visualización" (puse intencionadamente montones de elementos que ayudaran al lector a meterse en la escena). Me divertí mucho escribiéndolo, y ahora lo comparto con vosotros, para "romper el hielo" de esta sección "Cuéntame un cuento".

Déjate llevar

En una clase del taller de literatura al que asistía, fui el único, a excepción de una chica que opinaba como yo, al que no le gustó un relato, cuya lectura y análisis había sido una de las tareas que nos había encomendado la clase anterior Fabián, el profesor. A casi todos les encantó, aunque sigo creyendo que, en muchos de los casos, lo decían sin una causa justificada, por inercia, sólo porque se trataba de un autor de renombre.

Fabián me propuso como ejercicio volver a leerlo: "ponte en situación favorable, siéntate a leerlo con una copa de vino, déjate llevar", me dijo. Y, como cariñosa e irónica venganza por tan injusta penitencia, decidí escribir esta pequeña historia.

Con cariño, a Fabián y su grupo


Tiré con fuerza de la enorme puerta de la bodega, hasta que sus goznes terminaron por quejarse, profiriendo un chirrido escandaloso. Descendí por los resbaladizos escalones de piedra y me sumí en la oscuridad. Como acariciando a un monstruo peludo, palpé el verdín que tapizaba las paredes frías y húmedas, hasta encontrar el interruptor. La escuálida bombilla, desnuda y solitaria bajo el cable que la mantenía suspendida, intentó hacer llegar su luz mortecina hasta las paredes: sin mucho éxito, pues la piedra mojada reflejaba la poca claridad que llegaba a los muros. Muchas veces me había preguntado a dónde iría a parar el agua que rezumaban las paredes de la bodega que daban al foso del castillo, siempre inundado, y origen indiscutible de toda aquella humedad.

Jamás había seleccionado un vino por su poder estimulante de la imaginación. Es más, sinceramente no creía que en ninguno, por extraordinaria que hubiera sido la cosecha, por noble que fuera su origen, por mucho que hubiera dormido durante años acunado por las aromáticas tablas de roble de las botas, pudiera hallarse tal propiedad más allá del efecto embriagador del alcohol. Pero me afané en elegirlo de la mejor forma posible, pues me había comprometido a hacerlo. Renuncié a buscar el vino adecuado en las barricas de la solera y me decidí por los caldos que se apilaban, ya recluidos en sus botellas —mitad polvo y mitad cristal—, como soldados enfundados en sus armaduras y preparados para el combate en el campo de batalla de su extraño mundo de suelo vertical.

Tomé finalmente un Campillo, rioja de la cosecha de dos mil uno, y subí a la cocina. Limpié la botella de polvo y leí la etiqueta: si algún vino había de servir, sin duda era el que tenía entre mis manos. Pero antes, los catorce grados que la bodega le había conferido deberían convertirse en diecinueve; quizás alguno menos, pero, desde luego, ninguno más. Tenía el tiempo justo para prepararme antes de que fuera demasiado tarde: cinco grados.

Subí a mi habitación por la escalera ovalada, rodeando la araña que presidía el vestíbulo, con la urgencia de quien podría perder una oportunidad irrepetible. Seguramente la efectividad del hechizo dependiera de la temperatura del vino. Mientras me anudaba a toda prisa la bata sobre el pijama de seda, otros detalles que podrían desbaratar la magia y hacer fracasar el experimento se confabularon para acudir a mi pensamiento y así tratar de impedirme que llegara a tiempo de tomar el vino a menos de veinte grados a la sala de lectura. En ella, ya esperaba, impaciente a la luz de la chimenea, la copa que habría de alojar el elixir bajo cuyo mágico influjo se me abrirían las puertas de la comprensión de la literatura.

Bajé a trompicones las escaleras, con la urgencia ya convertida descaradamente en prisa. En ese momento, fui consciente por primera vez de que, en realidad, había venido a rendir tributo a los duendes que gobiernan a su antojo el conocimiento de las letras, y me sentí molestamente observado por ellos. Al punto, caí en la cuenta de que una celeridad excesiva también podría provocar que el estudio se fuera a pique. Así que disimulé en los últimos peldaños, con la inocencia de un niño, para llegar despacio a la puerta corredera de la sala.

Lo miro al trasluz, inclinando la copa: rojo rubí. Huelo a copa quieta: sutiles aromas de frutas. Huelo tras mover la copa: se desatan los efluvios dormidos por los años de crianza; un punto de pimienta, quizás otras especias. Me recuesto en el sillón, bebo un sorbo diminuto, apenas mojándome la punta de la lengua, y abro el libro de Álvaro Pombo, encuadernación de piel, edición de lujo. Comienzo el experimento propuesto en el taller de literatura: leo por segunda vez el relato —"Era una Romanoff. Siempre lo fue..."—, con la esperanza de no encontrarlo nefasto como en la anterior ocasión, en la que los duendes no me consideraron digno de su ayuda, o quizás ni siquiera se dejaron caer. Es evidente que los necesitaré; por tanto, espero que me traten con más indulgencia. Al menos, esta vez parece que han venido.

He de confesar que, contrariamente a mis expectativas, la experiencia tuvo bastante éxito. Asimismo, he de dar mi brazo a torcer: se puede forzar a los duendes, sin más que poner atención y tratar de escucharlos, aunque no sé si llegaré a saber si el vino afecta o no a su efectividad. Esta vez sí se emplearon a fondo para trasladarme a la Rusia del Zar Nicolás, si bien hay que decir que bajo severas amenazas de hacer venir a los duendes de la informática, capaces de cualquier desmán, incluyendo —faenas peores han hecho— la conjura de por vida de los poderes de otros duendes menos poderosos.

A pesar de su desgana inicial, es innegable que, bajo su hechizo, llegué a ver el palacio del Zar, la pitillera de la Archiduquesa, e incluso el camión en el que se dirigió a la muerte, traicionada por su impaciencia, por no esperar cinco minutos a la llegada del mensajero con el salvoconducto para salir de Moscú. A ratos, algún matiz, alguna frase mal construida, algún pensamiento desordenado —para mí, simples defectos; para los demás, ingeniosos recursos literarios— me sacaban del ensueño, pero los duendes volvían a introducirme en él.

No los veía, pero sabía que eran ellos: notaba cómo jugueteaban por la sala, haciendo ruiditos y moviendo casi imperceptiblemente los muebles. Al cabo de un rato, uno de ellos se hizo visible y se decidió a hablarme:

—Espero que no vuelvas a leer los relatos corriendo, en el autobús, de cualquier forma —me soltó a bocajarro—. ¿No comprendes que la magia necesita de unas ciertas condiciones? A partir de ahora, los leerás siempre en esta sala, relajadamente, a la luz de la chimenea. Y, sobre todo, ponte en situación, déjate llevar.

No, si al final va a resultar que los duendes son más efectivos de lo que pensaba; incluso parece que van a tener buen gusto, porque añadió:

—Y, en efecto, una copa de buen vino sí que recomendamos, pero no olvides que no pueden sustituirnos. Por cierto: Campillo de dos mil uno, excelente añada.
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mariano.alda
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Registrado: 05 Oct 2007
Mensajes: 65

MensajePublicado: Dom Nov 25, 2007 3:09 pm    Título del mensaje: Parece que el hielo no se rompe... Responder citando

Mmm... quizás debí usar un martillo, no un cuento.
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Almudena
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Registrado: 06 Oct 2007
Mensajes: 19

MensajePublicado: Vie Dic 07, 2007 10:18 am    Título del mensaje: Responder citando

Very Happy

Totalmente cierto, por eso cuando tengo un texto que merece que lo lean con toda la atención del mundo, intento que sea a una hora razonable y en mi cuarto.
y ya que estamos, pido perdón a Nerea, cuya novela leí con fiebre y prisa Very Happy

ahora pongo yo algo.
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feliduca
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Registrado: 02 Sep 2008
Mensajes: 2

MensajePublicado: Mar Sep 02, 2008 8:08 pm    Título del mensaje: Responder citando

Muy lindo realmente .... A mi me gusto muchisimo










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